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Reseñas de los huéspedes
Estancia El Colibri
Camino a Santa Catalina Km.7
Santa Catalina, Cordoba, Argentina
Estilo: Clásico contemporáneo
Ambiente: Tranquilo
9 Habitaciones
Desde que el peso se devaluó en 2001, la debilitada economía argentina ha dependido de los turistas que llegan con ganas de probar la jugosa carne nacional, aprender a bailar el tango y ver algún que otro gaucho auténtico. Hoy en día el campo está lleno de estancias, fincas en las que los huéspedes pueden montar purasangres y experimentar la vida rural de las Pampas. La mayoría son negocios familiares en los que la misma persona que limpia la caballeriza sirve la merienda en la terraza, con la salvedad de algunos hoteles de alto nivel, como el Estancia El Colibrí, enclavado en la provincia de Córdoba, al norte del país. Suaves sábanas de algodón, conexión a Internet de alta velocidad, una bodega bien surtida, chefs con gorros blancos almidonados... El Colibrí tiene más categoría que los pintorescos refugios de campo convencionales de Argentina.
La vasta finca conserva todas las tradiciones de las estancias más rústicas, pero a mayor escala. Las nueve suites y habitaciones no sólo tienen suelo de madera noble y camas con dosel, sino también dos pisos de altura, televisión vía satélite, reproductores de DVD y chimeneas. El terreno es de una vegetación exuberante y la cuadra está repleta de caballos fuertes; con la particularidad de que, entre la casa de huéspedes de estilo colonial y las montañas de los alrededores, se extiende una piscina grande y muy bien cuidada. El tradicional almuerzo de empanadas con chorizo se torna una exquisitez al servirse en una elegante mantelería blanca a la sombra de los árboles, por no hablar de la delicadeza del Malbec de Mendoza. La elegante biblioteca y salón (con un bar anexo) es un lugar acogedor y agradable en el que pasar una tarde de campo leyendo un buen libro. Después de las jornadas de equitación, ciclismo y polo, las noches suelen ser más bien tranquilas, aunque, como bien saben los propietarios, la tranquilidad es otro lujo más.



