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Reseñas de los huéspedes
A los huéspedes anteriores les gustó: :
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“large room,very attentive staff lovely linen and … ”
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“The staff makes a huge difference. You really get … ”
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“Ideal size & location. Quiet. Friendly personal … ”
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“Location”
Hotel Lancaster
7, rue de Berri
Paris, France
Vecindario: 8th Arr. (Champs-Elysées/Madelaine)
Estilo: Elegancia tradicional
Ambiente: Tranquilo
57 Habitaciones
El Hotel Lancaster es la joya más sofisticada de París: pequeña y preciosa pero nunca ostentosa. Desde que esta mansión de 1889 fuera convertida en hotel por Emile Wolf en la década de los treinta, ha acogido a multitud de celebridades, desde Marlene Dietrich hasta Grace Kelly, pasando por Noel Coward.
Gracias al proceso de restauración orquestado por Grace Leo-Andrieu en 1996, el Lancaster conserva su elegancia de antaño. Muchas de las piezas de anticuario de Wolf han sido conservadas, así como su colección de relojes de pared. También destacan los cuadros de Boris Pastoukoff, un artista de la década de los treinta que pagaba su estancia en el hotel con sus obras. Los cuartos de baño de mármol han sido esmeradamente restaurados, y sin duda alguna se ha recuperado con éxito su estilo art-déco original. En el proceso de restauración también se aprecia el toque de Leo-Audrieu, de Hong Kong, con su sensibilidad oriental a la par que contemporánea. Los sofás y divanes antiguos han sido retapizados con sedas color malva, marfil y jade. Asimismo, preciosas acuarelas chinas se entrelazan con los Pastoukoffs y, en general, puede decirse que el abanico de colores que presenta el hotel se acoge a la perfección a la filosofía del Feng Shui. Anímese a conocer la suite Dietrich, íntegramente decorada en lila (el que fuera el color favorito de la actriz) y con un boceto a carboncillo de la estrella del celuloide.
El servicio, por supuesto, es impecable: nuestros empleados son capaces de organizar una boda a distancia -vía email- con su madre, esté en Madrid o en Nueva York, o de recuperar el collar de perlas que se le cayó en el taxi. Pero, por encima de todo, el atractivo del hotel reside en su carácter discreto, exento de cualquier rasgo de ostentación. En definitiva, el Lancaster es un hotel que huye de la opulencia y cuyo personal es eficaz a la par que discreto.
Aunque se encuentra sólo a unos metros de los Campos Elíseos, en el Lancaster tendrá la sensación de estar en una especie de burbuja, en un mundo paralelo. La cafetería y el bar están reservados únicamente para los huéspedes, de ahí que no haya que esperar para cenar. El lugar estrella es sin duda el jardín, con sus lirios amarillos y azules, al más puro estilo japonés. En él podrá disfrutar de un refresco al aire libre en pleno centro de París, pero lejos del tráfico y de la mirada curiosa de los viandantes. Igualmente recomendable es descansar en una de las suites del ático, que disponen de su propia terraza. En la terraza, podrá degustar una agradable cena, meditar o bien disfrutar de una velada tranquila con su pareja en la más estricta intimidad. Pues para el Lancaster, proteger su privacidad es una cuestión prioritaria.



