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Reseñas de los huéspedes
A los huéspedes anteriores les gustó: :
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“nice room, nice lighting, big balcony, spacious, … ”
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“Nice rooftop pool and a wonderful location. Friendly, … ”
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“style, location”
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“The hotel was absolutely beautiful, and in a wonderful … ”
Hotel Omm
Roselló, 265
Barcelona, Spain
Vecindario: L Eixample
Estilo: Vanguardista
Ambiente: De lo último
59 Habitaciones
Luz solar e intimidad: esa es la doble motivación que se esconde detrás de la fachada única del Omm, un bloque de piedra clara con pestañas rectangulares que se abren como las páginas de un libro, dejando ver las ventanas de las habitaciones que se esconden detrás. La placa blanca permite que la luz del sol catalán penetre en las habitaciones con toda su fuerza, y al mismo tiempo las protege de la mirada indiscreta de los transeúntes y de buena parte del ruido de la calle. Otra placa blanca, en este caso lacada en aluminio, flota en medio de la habitación y separa el cuarto de baño de la zona del dormitorio, permitiendo, eso sí, que la cotizada luz natural fluya por la bañera y el lavabo.
En Barcelona siempre se han tomado muy en serio la arquitectura y el diseño, pero incluso aquí, el Omm destaca. Menos enigmático o hedonista que muchos de los mejores hoteles españoles, el Omm tiene una pronunciada veta minimalista e incluso, si se nos permite utilizar una expresión bastante manida, un toque Zen. Puede que se deba únicamente a la madera clara, pero resulta fácil imaginar al huésped despertando en la habitación y creyendo por un momento que se encuentra en algún país escandinavo en verano.
Naturalmente, cuando se dé cuenta de que son casi las tres de la tarde, y escuche al resto de los huéspedes mientras bajan a almorzar, recordará que se encuentra, sin lugar a dudas, en Barcelona.
El horario del restaurante del Omm, tan flexible que deja libertad para echarse una relajante y larga siesta durante horas, no es su único atractivo: su nombre es Moo, y dado que los propietarios del hotel antes fueron restauradores, resulta obvio que no improvisaron con el establecimiento. Se trata de un espacio tan impresionante como el resto del hotel, que da a un patio con un bosque de bambú y, por extraño que parezca, aluminio. Pero el menú brilla con luz propia, con algunos de los mejores platos catalanes servidos en medias porciones (y vinos servidos por copas), con objeto de animar a sus clientes a que mezclen y combinen.
Entre las instalaciones se incluyen un centro de spa y un health club, y en la azotea hay una piscina con doble función exterior e interior: desde la sala que se encuentra junto a la cubierta, sentado en uno de sus suaves sillones blancos, tendrá una vista que le permitirá dominar la espinosa arquitectura de toda la ciudad. Las habitaciones que dan a la fachada reciben la luz solar a través de sus “páginas” abiertas, pero las habitaciones y suites que dan a la parte posterior son más tranquilas, alejadas de la calle, y tienen sus propias terrazas privadas.



