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Reseñas de los huéspedes
A los huéspedes anteriores les gustó: :
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“The Landing was perfectly simple - the way luxury … ”
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“great room, UNBELIEVEABLE food, breakfast was included … ”
The Landing
PO Box 190
Harbour Island, Bahamas
Estilo: Clásico contemporáneo
Ambiente: Tranquilo
12 Habitaciones
Algunos opinan que el atractivo del Caribe ―playas de arena suave, aguas cristalinas y un ritmo de vida agradable― a menudo se ve ensombrecido por la chabacanería de otros ingredientes, como las colchas de flores de colores chillones, las desmesuradas construcciones de mal gusto y las grandes aglomeraciones de turistas zafios y rojos como cangrejos por abusar del sol.
Sin embargo, jamás verá este tipo de esperpentos en las inmediaciones del The Landing. Pese a la informalidad de la indumentaria y del ambiente de la isla de Harbour, la elegancia de estas dos pequeñas e íntimas casas de huéspedes resulta inalcanzable para la mayoría de los hoteles de las islas. No hay nada de revolucionario en la estética de los interiores; sencillamente constituyen la perfecta ejecución del clásico estilo de una hacienda: suelo de madera noble, paredes blancas y muebles coloniales. La elegancia isleña colonial que con tanto acierto se ha logrado recrear en las habitaciones, con sus camas con dosel y su ropa de cama de Ralph Lauren, hace que parezcan sacadas de una sesión fotográfica de moda.
A los huéspedes de este hotel no se les suele ver paseándose en una moto acuática con un cóctel en cáscara de coco en cada mano, sino más bien descansando en alguna de las salas de estar o disfrutando de la calma solemne de este lugar en la galería exterior. Los servicios del The Landing son decididamente escuetos: no hay piscina, aunque la playa de arena rosácea está muy cerca, y las habitaciones no tienen ni teléfono ni televisor, en un loable intento de volver a lo esencial.
El hecho de que el hotel sólo disponga de siete habitaciones no le impide contar con el mejor restaurante de la isla de Harbour, en el que se preparan especialidades contemporáneas, a base de marisco fresco e ingredientes autóctonos, a las órdenes del chef australiano Ken Gomes. Para un restaurante londinense de categoría, una bodega de 4.500 botellas de vino quizá sólo fuera aceptable, pero para este pequeño refugio, es bastante completa. Sin lugar a dudas, es un lugar idílico, pero sin un ápice de ostentación. Sencillamente se trata de un elegante y acogedor rinconcito isleño sin pretensiones; esa clase de sitio que nos gustaría encontrar con mayor frecuencia.
Políticas del hotel:
Cerrado del 26 agosto al 1 de noviembre



