La tarifa más baja en los últimos 30 días: US$ 525.00 (aprox. € 391)
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Reseñas de los huéspedes
A los huéspedes anteriores les gustó: :
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“El hotel estaba muy bien, las habitación y las zonas … ”
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“”
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“loved the space of the rooms, ...loft like with high … ”
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“It's just a beautiful hotel in a great part of town … ”
The Mercer
147 Mercer Street
New York, NY, USA
Vecindario: Manhattan - Soho
Estilo: Vanguardista
Ambiente: De lo último
75 Habitaciones
Situado en la intersección entre Mercer y Prince en el SoHo, el hotel Mercer es el primer hotel loft de Nueva York, y captura toda la esencia de la zona. Los lofts son un fenómeno original del SoHo, cuyos pioneros fueron los artistas de los años 60 que ocuparon los muchos almacenes abandonados del barrio. La vida en un loft consiste en mucha luz natural y en dejar la arquitectura original intacta, y en el Mercer, los ladrillos se ven, las ventanas son de tamaño industrial, y las columnas de hierro van del suelo al techo. Es uno de los pocos hoteles de Nueva York que presume de suelos de madera, y el sobrio mobiliario de Christian Liaigre es adecuadamente discreto, porque, como diría su amigo diseñador del downtown, la belleza de un lugar está en sus espacios vacíos.
Entrar en el vestíbulo/ biblioteca (no es de adorno, se pueden sacar libros) es como entrar en el apartamento de su amigo el diseñador del que hablábamos: mamparas de piel clara, alfombra turca desgastada, bancos de cuero y mesitas de café bajas ovaladas. Las habitaciones tienen un agradable toque laico (no hay ninguna Biblia, sólo revistas y la Nintendo) mientras que los cuartos de baño tienen azulejos en blanco inmaculado, esponjosas toallas de Frette y modernos productos de belleza Face Stockholm. Pida una habitación que tenga separadores de madera clara de tipo escandinavo entre el dormitorio y el cuarto de baño, ábralos y ¡voila!, podrá bañarse a pocos pasos de la maravillosa y apetitosa cama. Para ser sinceros, esta disposición invita a jugar (en las bañeras en forma de cubo caben dos fácilmente), al igual que los enormes platos de ducha y los espejos de casi dos metros. (Sí, hay caramelos de menta y condones junto al champú.)
El cercano Mercer Kitchen alberga un bar, normalmente a rebosar de auténticas neoyorquinas con sus altos tacones cotilleando, fumando y derrochando devoción por Prada, mientras que el restaurante es de cocina francesa familiar, interpretada por el gran chef Jean-Georges Vongerichten, y hay que reservar con semanas de antelación. Sorprendentemente, quizá, el Mercer es un buen hotel para familias; los bebés pueden dormir en cunas vestidas con Frette, con sus juguetes y todo, y aunque el personal vaya bien vestido, no se dan aires en absoluto: le pueden servir en la habitación desde bolsas de té Assam hasta una sesión de depilación de ingles a las dos de la mañana. No tendrá que poner un pie fuera del Mercer para nada; y eso, en Nueva York, es lo más deliciosamente decadente.



